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Los maestros reprobados

Que pena que el 75 % de los maestritos del país haya reprobado y otro tanto pasó el examen de “panzazo”, como decíamos cuando éramos estudiantes y lográbamos acreditar por un miserable punto la materia que nos traía de cabeza. Y sí se examinara a aquellos que presumen maestría y hasta doctorado, a los universitarios que sufren para estudiar y se queman la pestaña por ser mejores cada día, les daría un soponcio.

Siempre se ha dicho que el maestro (no todos), por su simple y llana actitud demuestra ser un personaje que,  “gandallamente”,  aprobó la licenciatura. Más enfrascados tal vez en aprender enmiendas en donde “el pueblo unido jamás será vencido”, y no para fortalecer a un pueblo que ya no aguanta más impuestos ni un sistema en donde la ignorancia debe prevalecer para mantenerlo sometido, sino para que ellos, unidos, estén protegidos por un sindicato cuando sean descubiertos.

El secretario de Educación del Distrito Federal, Mario Carrillo Huerta, advirtió que los maestros que reprobaron el Examen Nacional de Conocimientos y Habilidades Docentes de la SEP de esta capital no podrán estar frente al grupo, pues deberán estudiar para actualizar sus conocimientos básicos. “Nadie dice que los que reprobaron van a seguir. Si reprobaron no pueden estar frente al grupo, necesitan actualización”, expuso el secretario de Educación.
Las entidades donde aprobaron más docentes en servicio son Baja California Sur, Chiapas, Chihuahua, Distrito Federal, Guerrero, Morelos, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas. A los chiapanecos no nos debe alegrar este golpe de buena suerte, porque basta con ver a los alumnos para entender que la educación está por los suelos, ya que si los jóvenes llegan a la universidad sin saber escribir, es porque toda la planilla docente no vio, nunca supo o mejor dicho, “le valió”, que el alumno aprendiera o no lo que él tal vez, tampoco sepa.
Refiriéndonos claro está, al magisterio que atiende al sector público, al pueblo, porque las escuelas particulares pareciera ser que se cuecen por aparte, pero no es así. Mucho se habla de un colegio particular en donde la planilla de maestros las maestritas se llaman “misses”, para ir a la altura del colegio. Pues bien, muchas de éstas no poseen lo más importante, la técnica en la enseñanza y muchas que tienen la capacidad y la técnica no pueden ofrecer sus servicios por ser divorciadas o madres solteras;  lacerantes discriminaciones que aplican quienes se sienten libres de pecado.
Colegio en donde la prepotencia de los niños poderosos se hace presente cuando amenazan “Tú no sabes hijo de quién soy”, dirigiéndose claro está al pobre maestro quien deseando hacer su mejor trabajo debe someterse a ciertas variantes en las reglas estrictas para tolerar y permitir que el insolente haga lo que se le pegue en gana, porque sino, el padre de éste, hará tambalear hasta los cimientos del colegio.
En otros se hace presente el soborno, la simpatía de la madre con la maestra quien deberá responder leal a la amistad, olvidándose que ella está ahí, contratada por la institución para prestigiar al colegio y no para cumplir cortesías. Es el pan nuestro de cada día, pequeños detalles que sucede en donde el nivel académico es superior al de los pobres que son instruíos por los reprobados de hoy.
En esos colegios en donde los niños tienen personal capacitado pero no remunerados con un buen sueldo, se cometen injusticias todos los días. Hace un año le conté sobre una mujer déspota, la dueña de un colegio que no se tienta el alma para maltratar a sus alumnos, alumnos que, gracias a que sus padres pueden pagar una colegiatura, ella está en la cima del éxito financiero.
Pues bien. Estaba un fotógrafo captando a un grupo de niños cuando se hizo presente para detenerlo y decirle que “-a esos no, porque esos niños estaban “chamagocitos”- (ya sabe usted a qué mujer me refiero y dueña de qué colegio es, no hay necesidad de decir su nombre)
Ante este atropello los niños que fueron separados del grupo y jaloneados de la camisa por la cruel directora y dueña del plantel,  mi fotógrafo se quedó con deseos solamente de darle unas cachetadas a la mujer (única ocasión en que tal vez merecía no solo eso, sino ser capada por el atropello cometido) En seguida la directora le explicó al fotógrafo que solo deseaba que su escuela fuera representada por “niños bien” y no por esos mugrositos, en  donde por cierto estudia  el hijo de un pastor y ministro de una iglesia protestante.
Pero bueno, no se trata de contarle injusticias y  malos tratos que se cometen en muchos colegios particulares, sino del nivel académico, la preparación y la pobreza cultural de muchos que viven del oficio en donde respetuosamente son llamados “maestros”. Tal vez usted haya estudiado en una época en que las letras entraban con sangre, sí, por profesores que tenían licencia ilimitada otorgada por nuestros padres para instruirnos. Periodo que nadie sabe a qué horas se le quitó ese poder al maestro ara convertirse en un remedo.
Solo que esos maestros no eran como los de ahora que trabajan solo cuatro días a la semana, lo hacen pocas horas diarias y solo se emocionan por el aguinaldo, los días de junta sindical, los festivos y aquellos en los que no tendrán que estar frente a grupo ¡Qué raro oficio! ¡Ser maestros y no querer ser a la vez!
En este grupo están quienes se esfuerzan por conseguir a través de técnicas tradicionales el aumento de horas, tantas que ningún fenómeno podría trabajar 80 horas a la semana. Como aquel profesor de bachillerato, un hombre que se especializa por perseguir a muchachitas y que un día sus mismos compañeros le exigieron a los picudos del sindicato para que se le revisara cómo podía tener tantas horas, al menos que nunca durmiera y, finalmente le dejaron un cheque con “tiempo completo” y el resto para disimular se lo pagan por una supuesta “inspección”

Maestros que se van de pinta, al estilo de los muchachitos irresponsables, protegidos desde luego por una dirección tambaleante que reza el mismo credo. ¿Y los estudiantes? Bien gracias, como dice mi carnicero cuando le pregunto por su hermano que bebe alcohol todos los días y para ya no molestarse, se ha resignado sabiendo que ya no hay nada qué hacer.
Por eso cuando los jóvenes llegan a la universidad no saben si “cajón” se es cribe con “J” o con “G”, y todos deberíamos de pensar que, sí el muchacho va a estudiar Ciencias de la Comunicación, mínimo uno de los veinte catedráticos que los instruirán durante la carrera en los casi diez semestres de clases, descubrirán que el joven no sabe escribir. Pero sucede así, al contrario, al universitario se le alcahuetea y puede incluso egresar con mención honorífica  a pesar de tener pésima ortografía.
Ante esta flojera general, muchos jóvenes que no desean desvelarse estudiando y cursar la carrera profesional  en medio de una fiesta inolvidable, se han matriculado para convertirse en chefs, lo que ellos no saben es que, sí los abogados egresan para convertirse en secretarios del secretario, comunicólogos en auxiliares, de la carrera en gastronomía egresaran como taqueros. No es sátira, es una realidad  que nadie ha querido ver.
Sé de muchos catedráticos que se dedican al oficio de enseñar  y que lo hacen por que profesionalmente nunca se pudieron realizar, sin olvidarme que dentro de este grupo existen quienes tienen vocación y pasión por la enseñanza, y quienes se han ganado el respeto de muchos por esa aptitud y actitud de buen maestro, no como el resto, quienes incluso con doctorado actúan como patanes. Y no es un invento
Se entiende que la capacidad cultural de un docente se manifiesta en su actuación, en su forma, manera y expresión natural, por lo que no es difícil identificar cuando un maestro cursó la carrera de noche o consiguió el título tal y como consiguió colocarse en un instituto para supuestamente enseñar.
Pero ¿Qué pasará con los maestros reprobados? Se supone que deberán de irse a estudiar para poder estar frente a grupo o, lo más simple, cederle su plaza a otro que sí sabe y tiene deseos de estudiar. No es tan simple, porque es una cadena que viene de generación  en generación.
Para comentarios escríbeme a morancarlos.escobar@gmail.con o a afrodisiacacocina@yahoo.com.mx

Filed in: SALUD, CULTURA Y ECOLOGIA

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