Del apostolado sin ministerioministerio
junio 1, 2009 No Comments
En una reunión de parejas, una señora, por cierto, no se sangre dulce, comenzó a hablar en voz alta, como acostumbran muchas que desean llamar la atención, a decir que su esposo la sobre ama por sobre todas las cosas del mundanal en que vivimos, a tiempo que el resto de parejas disimulaban su enfado por la pesadez de la dama, pero ella siguió hablando y detalló todavía que siempre le pide que se ponga un calzón de hilo dental en color rojo para estar con ella en el lecho. En realidad la mujer ya no tiene cuerpo para eso y es gorda, de estatura bajita; pesa aproximadamente noventa kilos y él, es un pobre hombre apagado y con poca luz que ella maneja tronándole los dedos de las manos…
Los comentarios tontos y fuera del lugar de la señora molestó tanto a un señor infiel que, como tenía a su lado al esposo de la dama, comenzó a brindar con él y después del tercer whisky comenzó a decirle –¿Ya viste a la morena que está en la alberca?- Y el hombre se torcía el pescuezo con especial disimulo para que la esposa no lo fuera a sorprender. En la cuarta copa otra vez el señor que deseaba demostrarle a la señora que su marido no era lo que ella deseaba, le dijo -¿Ya vista el culo de la rubia?- y el hombre sin cuidado la volteó descuidando que babeaba de gusto, mientas que la esposa se mordía los labios de coraje…
Por último, otra vez el señor en calidad de diablo le señaló a otra mujer de buen cuerpo que se asoleaba en la alberca y éste, con la mirada torva, la volteó a ver ya descarada y cínicamente y hasta hizo comentarios a tiempo que la esposa se levantaba de su sitio porque ya no aguantaba la mirada de los demás matrimonios que se reían de ella, sobre todo por lo que acababa de presumir y le dijo al esposo que, o se controlaba o mejor se marchaban de la reunión.
Pero esto no le sucede a cualquiera, sino solo a aquellas que desean presumir lo que en sus sueños guajiros pretenden, porque en la realidad, la vida de ellas es otra, y no es burla, es una realidad que le sucede a aquellas que desean tapar el sol con un dedo, sobre todo a aquellas damitas que se han tomado en serio la actuación de ser damas virtuosas y con un apostolado y ministerio gracias a estudios bíblicos en reunión con damas encopetadas que, tanto se han creído el calificativo de santas que, hasta se dedican a dar consejos prematrimoniales y como siempre, predican en la calle lo que en casa no tienen.
Esto se parece mucho como aquellas señoras que se congregan en una secta cristiana pero la hija se emborracha todos los fines de semana en el antro y el marido es un hombre pecador ¿Cómo le hace esta hermanita en Cristo para cohabitar y copular con un hombre que no predica su religión?
Pero no se trata de un chisme vulgar ni de ventanear a nadie, sino de cultivar o despertar en muchas personas que sienten que la virgen les habla al oído y como el obispo las sienta en su mesa para comer de vez en cuando, creen que sus vidas son ejemplares, tanto que viven el papel de damas predicadoras del evangelio, aconsejadoras de novios rumbo al matrimonio y maestras de catecismo, cuando sus casas están en ruinas, por eso no es bueno hablar de moral cuando la casa no es precisamente un ejemplo a seguir.
Como aquel hombre “honesto” que desea ser presidente de una asociación ¿Cómo podrá dirigir a sus socios y a una empresa, sino sabe manejar su casa? ¿Cómo dirigirá un hombre de estos el rumbo de una asociación agrícola o de lo que sea, cuando en su casa él no sirve ni para tiro de escopeta y su esposa es la que menos lo respeta?
Sí, desgraciadamente muchas damas de la noche a la mañana se toman el papel en serio de ser las redentoras de los pecadores gracias a que ellas se sienten “santas”, otras hasta se pretenden teólogas solo porque han tomado unos cursitos bíblicos acompañados de clases de cocina y chacoteo al puro estilo de nuestras señoras “tanderas”, sí, de las que se reúnen para la tanda en donde hablan de todo menos de Dios.
Desafortunadamente cuando esas señoras aparecen, no puedo evitar dedicarme a buscarles el ministerio, a ver cómo se comportan y lo primero que descubro es que les falta humanidad y en seguida, la práctica del evangelio con sus semejantes, porque de inmediato y cuando ven a una pareja que no está casada por la iglesia y vive en amasiato o en pecado mortal, según la iglesia católica y Romana, ellas de inmediato ignoran a la pareja evitando incluso darle el saludo ¿Así es como se comporta una buena cristiana y apostolada?
Eso sí, cuando una dama comienza en la radio a dar consejos sobre cómo llevar el matrimonio, cómo deben de comunicarse las parejas, cómo deben comportarse los hijos y otros temas de la moral familiar, no hay que escuchar mucho, solo tenemos que ver cómo vive esa predicadora para saber sí en efecto, la que desea dar consejos tiene como ejemplo y ministerio a su propia familia.
Desgraciadamente descubrimos que quien recomienda cómo debe ser un buen matrimonio, ella tiene un esposo travieso que se exhibe por doquier con otras damas, que la dama que predica cómo deben de portarse los jóvenes, sus hijos no parecen haber sido educados por la promotora de las buenas costumbres y la moral sino por alguna mujer sacada de una revista de terror.
Entonces se sugiere que, aquellas damas que viven el evangelio a flor de piel y que desean predicarlo, antes de salir a la calle, primero que lo ensayen en sus casas y, cuando las casas de éstas personas esté en el camino del bien, puedan decir cuando discriminan o hablan y aconsejan al prójimo con absoluta certeza y confianza: –“Como en mi casa… hermanos, en donde mi esposo me respeta y mis hijos transitan en las praderas del bien…”
Y todo sale a cuento porque la señora que presumía de su esposo, quien supuestamente la ama por sobre todas las cosas, un mes antes de esa reunión, el señor que le dio de beber para que sacara a flote su verdadero “yo” frente a su esposa y otras amistades, había estado con su pareja en un bar clandestino a donde llegó el marido de la supuesta apostolada y predicadora del evangelio pero no con ella, sino con su secretaria. Sí, mientras la esposa se la pasa al lado de sacerdotes y con sus amigas del apostolado o del “reino”, el esposo transita con la secretaria y la lleva a bailar porque la esposa en realidad no es la excelente esposa que ella cree ser.
Lo increíble de todo esto es que, quienes predican el evangelio o se dedican a dar consejos a futuros esposos, jóvenes y aquellos que desean comulgar por primera vez con Cristo, saben que en casa tienen serios problemas; esposos traviesos e hijos rebeldes pero muchas o, no los ven o el resto no le da la importancia que debiera darle, pero existe un dato que es común; casi todas aquellas que se refugian en el estudio de la Biblia es porque desean olvidar, obtener calma para poder seguir con ese vía crusis llamado matrimonio en donde tienen que soportar al estelar de la historia porque es quien paga la comida, el vestido y da la posición social ¡Que triste! …
Por eso mucha gente expresa que el PRI o la gente que participa en un partido político, se parece mucho a la que está incrustada en la iglesia, y no precisamente católica, sino en todas las doctrinas y sectas en donde hay hembras y varones, todos transitan pero no predican con el ejemplo, sino que dicen mucho pero no convencen a nadie, por eso estamos como estamos.
Y es que la gente honesta está a punto de extinguirse, debiera ser que, aquellos que viven en la Gracia, bañados del Espíritu Santo y en comunión con Dios, debieran de vivir en casas en donde ellos han implantado su doctrina consiguiendo hogares ejemplares para que a la hora de enseñar, sermonear, reprender y aconsejar, no se dude en nada porque a ellos los avala el ministerio y ejemplo de una familia ¿Sí me entiende verdad?
Así que, aquella señora que dice vivir un apostolado y que su marido la ama tanto que le pide que se ponga un calzón de hilo dental rojo para verla acostada como ballena fuera del mar pero en su cama, y que es una instructora de la buena nueva cristiana, debería ser distinta. En primer lugar debería ser sencilla, no presuntuosa, sino humilde, honesta, no glotona, no altanera y mucho menos discriminadora, sino una buena seguidora de los pasos de Cristo, porque sino de nada sirve que se de golpes de pecho todos los días en la iglesia, sea amiga íntima de los curas y comparta la mesa con Monseñor.
Al menos que todo lo haga por pose social y por rozarse con gente de buen nivel, que no es extraño, porque conozco a muchas que llegan al precio que sea, a cierto grupo de damas con la única finalidad de ingresar al “mejor” circulo social de la ciudad, y lo que menos les importa es el evangelio, porque evidentemente cuando aparecen en la calle, demuestran que son un fraude. Como la señora del apostolado que su marido la ama demasiado.
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