Carlos Eduardo Thomas de la Cerda
febrero 24, 2010 No Comments
Pasión por la escultura
Siempre nacen niños, seres que en el mundo se pierden y que pululan, en muchas ocasiones sin saber quienes son. La historia de Carlos Eduardo Thomas de la Cerda, es una más de esas que no se encuentran a diario y que nos invita a la reflexión, es el producto de un amor en donde a cierta edad tuvo la paciencia para hacer una pausa, usar el valor para decirse y elegir ser lo que es hoy, un hombre que busca la perfección y la realización de sus sueños a través de sus esculturas.
Desde niño fue inquieto y nadie hubiera pensado que esa energía años después la transformaría en arte. De personalidad desenfadada y carácter extrovertido fue educado por las hermanas de la orden religiosa Siervas de María de Jesús Sacramentado (ITAC) y cuando finalizó el bachillerato no supo qué estudiar, y esto no es grave, al contrario, enfrentó la encrucijada sabiendo que por sus venas corría otra serie de inquietudes que más tarde lo llevaría a la realización, así que intentó hacer lo que comúnmente hacemos todos pero sin conseguir la satisfacción plena, se inscribió en varias carreras profesiones.
Cuenta que tenía veinte años cuando encontró unos metros de alambre de amarre, maya de mosquitero y otros elementos más que integraron el hilo conductor que lo llevó a descubrir, y le alumbraron de paso, ese momento mágico en su vida. Ese instante fue inolvidable porque descubrió que tenía talento para crear, podía expresar todo sus sentimientos a través de trabajos hechos a base de piezas de fierro, alambre, aluminio así como otros elementos reciclables.
Después de este primer encuentro y con su primer obra ya nada sería igual en la vida de Carlos Eduardo Thomas, así que decidió hacer lo que la vida le había revelado, crear obras y documentarse, seguir el hilo conductor que lo llevaría de la mano a este mundo en donde el hombre a través del arte se comunica con los demás compartiendo siempre un mensaje.
Y es que Carlos Eduardo, a través de sus trabajos desea encontrarse a sí mismo, mostrarle al mundo, motivar a que la gente crezca y se aferre a sus ideales; alcance y realice sus sueños. Así de simple y sencillo.
Su juventud ha sido el ingrediente principal para que desarrolle todo lo que siente sin temor alguno, apasionado por la luna y el efecto que ésta causa, el artista asegura que puede ablandar el corazón de las personas, razón por lo que “la luna” forma la parte principal de su inspiración.
La suerte del artista no se debe simplemente a la expresión de sus sentimientos y tampoco a crear lo que su corazón le dicta. Su bienaventuranza va de la mano de una familia que supo respetar sus sueños y que lo apoyó a encontrarse, saber quién era y qué deseaba ser en esta vida.
Carlos Eduardo tuvo la suerte de nacer en el hogar ideal, contar con unos padres excepcionales que supieron guiarlo y apoyarlo, este fue el motor principal para que el artista tuviera la suficiente fortaleza y poder descubrir, con toda la paciencia y el amor, ese momento cuando el misterio y misión se le reveló.
Fue así como comenzó a crear polémica, una forma del contexto democrático en que viven todos los que se expresan a través del arte, y le permitió el derecho de proyectarse como artista y, aunque no está de acuerdo con la filosofía de que el artista es un hombre pobre y que debe vivir así, su formación educativa está basada en principios portando como estandarte la humildad y la sencillez, pero alejado claro está, de esa pobreza que va acompañada en muchas ocasiones de la mugre.
Con pocos años dedicado a la escultura, ha montado exposiciones individuales en el Centro Cultural Jaime Sabines, en la EXPOTEC (del ITESM), promoviendo el estado de Chiapas, ha expuesto también sus obras en la Embajada de México en Guatemala así como en el Museo Miraflores; participó en un programa de Canal 13 (Ventaneando) en la Central de Cruceros en Puerto Chiapas y en Unión Juárez, así como una lista más de exposiciones individuales que hoy por hoy lo colocan como el primer escultor chiapaneco con mayor proyección.
Es difícil el camino del éxito, y Carlos Eduardo Thomas de la Cerda, no está buscándolo porque sabe que éste y él en el camino se encontrarán. Disciplinado y optimista, sabe que el éxito en la vida se consigue con esfuerzo pero sobre todo, con esa actitud diaria de hacer las cosas mejor.
Nacido bajo el signo de Cáncer, Carlos Eduardo es un autodidacta del arte que comenzó su carrera en el 2005 basado en técnica de alambre de aluminio, humanismo, cultura ecológica y etnicismo que proyecta en cada uno de sus trabajos, obras que están caracterizadas por el sentimiento y lo etéreo.
Este proyecto del arte llamado Carlos Eduardo, vio la luz por primera vez en Tapachula el 23 de junio de 1985 y es el primogénito del hogar integrado por Jorge Eduardo Thomas Capitaine y María Norma de la Cerda Quevedo; su padre un hombre dedicado a la agricultura y su madre una mujer con mucho talento y creatividad, como la define él mismo, ambos, los responsables de que él esté en la lucha por realizar y alcanzar todos sus sueños a través de sus obras.
En el camino de este joven artista, el amor tiene un valor especial, por lo mismo no se encuentra comprometido sentimentalmente con nadie y da a este sentimiento un sitio que estará en espera en su existencia. Su mayor ambición, como ya lo hemos dicho, es seguir en este camino, trabajando y creando en donde el éxito llega en cada uno de sus trabajos, se estaciona y va acumulando puntos que vuelven al artista más exigente.
Obras de arte que él define como una necesidad de compartir con todos la alegría de existir, ofrendar las emociones y los sentimientos a través de herramientas que usa para lograr efectos especiales, movimientos, estética y luz de luna.
Tal vez alguien no logre entender a este hombre que, como muchos, vive en el país en donde las cosas materiales se funden para dar espíritu y alma a cada una de sus obras
Para contactar al artista 64 2 82-04
Carlos Eduardo Thomas de la Cerda, es un joven valor del arte comprometido con sus principios, ha roto los esquemas establecidos y se dedica de tiempo completo para seguir creando y desde luego, hacer camino al andar.
Amante de la libertad y respetuoso de todo lo que habita en la naturaleza, a tan corta edad está a punto de ingresar al Palacio de las Bellas Artes, en la ciudad de México, no sin antes exponer en la hermana república de Guatemala.
Sin duda, este joven escultor, aunque no le gusta el título de artista, sino de “mensajero”, en los días por venir, dará mucho material para comentar y por supuesto, para escribir.
